La profesionalización de las operaciones jurídicas: cómo los equipos jurídicos estructuran la toma de decisiones

Introducción

Muchos departamentos jurídicos se enfrentan a un reto similar: hacer más con menos. Al tiempo que operan en un entorno cada vez más complejo. El gasto legal externo sigue creciendo. Mientras que las expectativas de la empresa en torno a previsibilidad, responsabilidad y transparencia continúan intensificándose. La toma de decisiones siempre ha formado parte del trabajo jurídico. Pero, ¿cómo ha evolucionado y cómo se traduce en la práctica hoy en día? La profesionalización de las operaciones jurídicas responde directamente a esta necesidad. Se ha convertido en una evolución necesaria para los equipos jurídicos que quieren seguir siendo socios creíbles y estratégicos de la empresa.

En lugar de añadir burocracia o más procesos porque sí, la profesionalización mantiene la toma de decisiones estructurada como elemento central. Al fin y al cabo, el objetivo es construir formas de trabajo replicables y defendibles que permitan a los equipos jurídicos crecer sin perder criterio ni control.

Todo sobre los modelos operativos intencionales

Confiar en procesos informales o poco documentados para tomar decisiones puede funcionar en todos los sectores, funciones y entornos. Pero sólo a pequeña escala y en contextos poco regulados. La profesionalización de las operaciones jurídicas comienza cuando este enfoque deja de ser eficaz, porque el crecimiento se estanca y los resultados dejan de tener un impacto real. Profesionalizar la función jurídica significa avanzar hacia modelos operativos intencionados, con procesos, funciones y expectativas claramente definidos.

Este cambio ha permitido a los departamentos jurídicos introducir mejoras tangibles, como la capacidad de:

  • Mejorar la alineación interna
  • Reducir las incoherencias
  • Trabajar con mayor confianza
  • Aumentar la visibilidad y la credibilidad en toda la empresa

En el fondo, la profesionalización refleja la necesidad de crear marcos eficaces que apoyen la colaboración, junto con directrices claras que respalden una toma de decisiones coherente.

Como cualquier otra unidad de negocio

Otras funciones empresariales, como finanzas o compras, han experimentado transformaciones similares. El departamento jurídico ha seguido la misma curva de madurez. Y el esfuerzo por profesionalizar las operaciones jurídicas refleja una tendencia más amplia: los departamentos jurídicos adoptan la disciplina empresarial al tiempo que conservan la experiencia jurídica.

Los profesionales jurídicos desempeñan un papel fundamental a la hora de evaluar los riesgos y asesorar a la alta dirección y a los equipos directivos. Su influencia es directa y significativa, aunque no siempre se reconozca plenamente. Debido a este impacto, los procesos de toma de decisiones estructurados resultan esenciales cuando se pretende profesionalizar las operaciones jurídicas.

Mediante la creación de sólidos marcos de toma de decisiones y su combinación con el criterio profesional jurídico, los equipos jurídicos garantizan que sus conocimientos se apliquen de forma coherente y transparente.

La función jurídica valora, naturalmente, la estructura y el orden, pero el verdadero reto reside en aplicarlo de forma coherente bajo presión externa, ya sea por una gran carga de trabajo, recursos limitados o plazos ajustados. En este contexto, varios elementos clave han definido cómo los equipos jurídicos abordan hoy la toma de decisiones.

La estructura como factor de velocidad y calidad

Contrariamente a lo que se suele pensar, la estructura no ralentiza a los equipos jurídicos. Al contrario, acelera las decisiones e impulsa resultados más rápidos. LLa estructura consiste en establecer normas, criterios y directrices claros para situaciones de trabajo jurídico de la vida real. Por ejemplo, la selección de un bufete de abogados externo o la adopción de una postura sobre un asunto delicado.

Para crear una estructura, los equipos deben empezar a plantearse las preguntas adecuadas, por ejemplo:

  • ¿Quién es la persona más adecuada para gestionar las cláusulas de alto riesgo si surgen?
  • ¿Cuándo tiene sentido escalar una decisión en lugar de gestionarla individualmente?

En general, la estructura reduce la confusión, los debates innecesarios y la repetición de tareas.

Dado que muchas decisiones empresariales dependen de recomendaciones jurídicas, especialmente en sectores altamente regulados como el energético y el farmacéutico, es esencial que la propiedad y la responsabilidad estén claras.

La gobernanza se sitúa en el núcleo de la función jurídica. Y es un pilar clave de la profesionalización de las operaciones jurídicas. Define a quién corresponden las decisiones y en qué circunstancias, pero a menudo es difícil establecerla sin una estructura.

Hacer de la gobernanza una prioridad a la hora de profesionalizar las operaciones jurídicas aporta claridad incluso en situaciones complejas. Por ejemplo, cuando una empresa se enfrenta a una investigación reglamentaria mientras negocia un acuerdo comercial crítico, y los derechos de decisión y las vías de escalado deben estar claros para evitar retrasos o desajustes.

Transparencia para generar confianza en toda la empresa

La transparencia es esencial para profesionalizar las operaciones jurídicas. Las partes interesadas internas esperan cada vez más que los equipos jurídicos expliquen cómo y por qué se toman las decisiones. Los procesos transparentes generan confianza y credibilidad en la empresa y favorecen una mejor colaboración con los socios externos.

Pero la transparencia en el esfuerzo por profesionalizar las operaciones jurídicas va más allá de la mera comunicación. Significa que todos los implicados, incluidos terceros, entiendan el razonamiento que subyace a las decisiones y cómo funcionan los procesos.

En última instancia, refuerza la alineación interna. Y sienta las bases adecuadas para incorporar a las partes externas a los proyectos.

Evaluación objetiva en lugar de decisiones basadas en relaciones

Las relaciones siguen siendo importantes en el trabajo jurídico, pero para profesionalizar las operaciones jurídicas, los equipos jurídicos deben equilibrar esas relaciones con una evaluación objetiva. Resulta tentador confiar en la familiaridad y los hábitos establecidos, pero esto puede introducir sesgos que limiten el rendimiento y la mejora de los socios externos, las partes interesadas internas y la adopción de tecnología.

Emprender una evaluación objetiva significa definir por adelantado objetivos empresariales y criterios de decisión claros. Este enfoque respalda el esfuerzo más amplio de profesionalizar las operaciones jurídicas al animar a los equipos jurídicos a pensar estratégicamente y alinear las decisiones con las prioridades de la organización en lugar de con las preferencias personales.

Elegir nuevas tecnologías

Los principios de estructura, gobernanza, transparencia y evaluación objetiva se aplican directamente cuando se selecciona un paquete de tecnología jurídica. Sin ellos, las decisiones tecnológicas corren el riesgo de verse impulsadas por la urgencia, las preferencias individuales o las promesas de los proveedores, en lugar de por las necesidades operativas reales.

Para profesionalizar las operaciones jurídicas, la elección de un conjunto de herramientas jurídicas se convierte en una decisión de gobernanza, no sólo de herramientas. Los equipos jurídicos deben definir claramente la propiedad de la decisión, los criterios de evaluación y los indicadores de éxito antes de comprometerse con los proveedores.

Las preguntas prácticas que apoyan la toma de decisiones estructurada incluyen

  • ¿Qué problemas concretos queremos resolver hoy y cuáles pueden esperar?
  • ¿Quién se hará cargo internamente de la herramienta y será responsable de su adopción y rendimiento?
  • ¿Cómo favorecerá esta herramienta los procesos de gobernanza existentes o cómo los sustituirá?
  • ¿Qué criterios son los más importantes, como la seguridad, el cumplimiento normativo, la escalabilidad o la facilidad de uso?

El uso de criterios de evaluación claros reduce el debate interno y evita el exceso de ingeniería. Además, garantiza la alineación entre los departamentos jurídico, de IT y comercial. La transparencia a lo largo del proceso también ayuda a las partes interesadas internas a entender por qué se ha elegido una solución específica y cómo contribuye a los objetivos a largo plazo.

La externalización del trabajo jurídico es otro ámbito en el que la toma de decisiones estructurada marca la diferencia entre las buenas y las malas elecciones. Cuando aumenta la carga de trabajo o faltan expertos internos, la decisión de recurrir a proveedores externos debe seguir reglas definidas y no la presión del tiempo o la costumbre.

Para profesionalizar las operaciones jurídicas, los equipos jurídicos deben establecer desencadenantes y procesos claros para la externalización, como:

  • Determinar qué tipos de asuntos o tareas requieren asesoramiento externo y cuáles pueden permanecer en la empresa.
  • Definir umbrales de escalada en función del riesgo, la complejidad o el impacto estratégico.
  • Aclarar quién decide cuándo se contrata ayuda externa y en qué condiciones.

Por ejemplo, un equipo jurídico que se enfrente a un aumento repentino de revisiones normativas puede decidir de antemano que cualquier asunto que supere un nivel de riesgo o un plazo definidos se derive automáticamente para obtener apoyo externo. Evitando así decisiones de última hora, selección incoherente de proveedores y falta de claridad en la rendición de cuentas.

Aplicando los mismos principios de gobernanza y evaluación comentados anteriormente, los equipos jurídicos garantizan que la ayuda jurídica externa respalde las prioridades internas, mantenga la coherencia y ofrezca un valor cuantificable en lugar de limitarse a absorber el exceso de trabajo.